Grabado del libro Goya de Charles Yriarte, publicado en París en 1867, dentro del capítulo "La Maison de Goya

 

La Quinta del Sordo fue la residencia de Francisco de Goya desde 1819 hasta su exilio en Burdeos 1824. Moriría cuatro años más tarde de dejar Madrid, en la ciudad gala. Este famoso caserón desaparecido en 1809, encerró la colección de catorce pinturas murales hoy expuestas en el Museo del Prado denominadas Pinturas Negras. También guardaría el misterio de su creación, pues Goya obedeció a una extraña conducta durante este periodo, como veremos a continuación.

Esta casa se situaba a orillas del Manzanares, en el actual distrito Latina, que pertenecía al término municipal de Carabanchel Bajo en el llamado “Cerro Bermejo”, muy próximo al Puente de Segovia y al actual Paseo de Extremadura. Se encontraba en un entorno natural de huertos y jardines, cercano a las estribaciones del bosque del Pardo. Chopos y álamos poseía la finca en los alrededores de las riveras de un río salvaje y cristalino que regaba un decimonónico Madrid. La elevación de su terreno en una colina, le permitía tener unas vistas privilegiadas del Puente de Segovia, del Palacio Real o hacia el otro extremo la cúpula de San Francisco el Grande.

 

Fotografía por Manuel Asenjo, publicada en la revista Ilustración Española y Americana en 1910.) En esta imagen la Quinta del Sordo aparece transformada por los herederos de Goya. Instantánea realizada muy poco tiempo antes de su derribo.

Fotografía por Manuel Asenjo, publicada en la revista Ilustración Española y Americana en 1910.) En esta imagen la Quinta del Sordo aparece transformada por los herederos de Goya. Instantánea realizada muy poco tiempo antes de su derribo.

 

Para poder imaginar la famosa quinta antes de su derribo, vamos a guiarnos por Pedro de Répide (1882-1948) que fue uno de los cronistas oficiales de la Villa, él pudo indagar en estos terrenos y conocer de primera mano esta finca abandonada. Nos cuenta como la encontró en una de sus visitas:

“Yo, ayer, estuve en un pensil…Sin ir más allá de las afueras de la corte, entré en un vergel ultraterreno y me aparté a una gran distancia del mundo en que vivimos. Hubo de serme para ello suficiente bajar la cuesta de la Vega, trasponer luego la puente Segoviana, subir por un suavísimo otero que los trigos verdecían y las amapolas salpicaban, y di conmigo en la cima de tal alcor, que fue como llegar hasta la cumbre del Olimpo. Eran allí un jardín con una vieja casa, que están muy lejos del mundo y de la vida.

La casa es un antiguo palacete abandonado. Sólo de verla se siente que allí han pasado muchas cosas y que por los ámbitos de sus salones fríos y solitarios pasan a veces algunas almas de otro tiempo. En el jardín, más bello desde que ninguna mano viviente acude a su cuidado, se siente también un misterioso espíritu que pasa. No cabe duda de que allí ha vivido alguien que era muy alguien. Cierto que allí vivió D. Francisco de Goya y Lucientes.

«El viejo palacete tiene una noble y magna puerta. Su verjería deja ver como a través del cancel de una capilla, el vestíbulo y la escalera. Sobre los hierros del zaguán hay un ducal blasón. Y se ve luego el pavimento de un pórfido rojizo, y cómo después de una breve gradería de mármol se desdobla la escalinata en sendas ramas elegantes.

Delante de la casa, donde había una terraza de arena finísima, pisada por las duquesas manolescas que allí iban para hacerse inmortales y divinas, ungidas sus imágenes con el óleo del genio, tiende ahora su muy suave tapiz una hierba de olvido. Y las ventanas de la casa muerta fulgen al sol último de la tarde tenuemente, como los ojos vidriosos y verdosos de un cadáver. Jazmines seculares cubren la vieja casa con una verde túnica: Cuando el estío llega, todo ese manto de verdor florece, y vestida con todas sus flores albas, la casa muerta duerme bajo un sudario de jazmín.

Pasaba el genio del silencio. Y luego no se percibía otro rumor que el del río. El Manzanares, que allá abajo pasaba murmurando una salmodia: Como si rezara por la vieja y noble casa que se había muerto. La casa del padre Goya, que se ha muerto como se murió su señor. Como todo ser muere.”  Pedro de Répide.

 

Átropos o Las Parcas. (1819-1823) Francisco de Goya. Museo Nacional del Prado.

Átropos o Las Parcas. (1819-1823) Francisco de Goya. Museo Nacional del Prado.

 

La casa que escogió Goya

El nombre de Quinta del Sordo obedece al apodo popular sobrevenido de la sordera de su anterior dueño. Goya coincidía con la misma dolencia, por eso siempre se ha creído que este nombre era referido al pintor. Lo que sí es posible es que se siguiese manteniendo en el tiempo el nombre, dada la casualidad. La escritura de venta de la casa por Goya se fecha el 27 de febrero de 1819, otorgada por Pedro Marcelino Blanco. Finca construida o reedificada por Anselmo Montañés, sobre un terreno de cinco fanegas comprado en 1795. Esta escritura de venta de la posesión la describe así:

“Construyó una casa de campo de fábrica de adobes, con un jardín unido a la misma, dos habitaciones bajas, distribuidas en siete piezas, un pozo de agua potable, inmediato al propio jardín y otro en un patio de referidas habitaciones y dos desvanes; e igualmente plantó cinco álamos blancos por la parte del arroyo en el centro de las referidas tierras.”

 

Duelo a garrotazos

 

No sabemos exactamente lo que llevó a Goya a comprar la finca situada en el campo en aquellos días. Se especula que fue en un intento de apartarse de la Corte, pues era contrario al absolutismo de Fernando VII. También se habla con respecto a esto de sus amoríos con Leocadia Zorrilla de Weiss, oficialmente su ama de llaves. Esta señora casada, pudo tener un romance extramatrimonial con el pintor, de ahí sería el interés de discreción para alejarse de la ciudad.  Lo que sí se sabe a ciencia cierta, es el periodo en el que fue residencia oficial de Goya (1819-1824), hasta su definitiva marcha a Burdeos, bajo un salvoconducto que le permitió exiliarse.

A la muerte del genio 1828, la finca quedó en manos de su nieto Mariano. Tiempo después, sus descendientes la mantuvieron hasta que es derribada en el verano de 1909. En 1876 la parte de la casa donde estaban las famosas Pinturas negras fue derruida, pues al sacarlas de los muros dos años antes, estas salas quedaron totalmente arruinadas.

 

Fotografía realizadas por Laurent en la Quinta del Sordo, 1874, el mismo año de la retirada de las pinturas.

Fotografía realizadas por Laurent en la Quinta del Sordo, 1874, el mismo año de la retirada de las pinturas.

 

Pinturas negras

La Quinta del Sordo tenía dos pisos y dos patios. En sus largos muros se exhibió una amplia muestra de las pesadillas más siniestras del pintor aragonés, con sus catorce Pinturas negras sobre paredes recubiertas de yeso, traspasadas a lienzos que hoy guarda el Museo del Prado. En el piso inferior estaban ubicadas las pinturas de menor tamaño, el papel de las paredes decorado con motivos florales y en el superior estaban las pinturas de mayores dimensiones en muros empapelados de figuras geométricas, como se puede ver en las reproducciones fotografías que realizó Laurent en 1874 de estas obras en la casa, antes de que se extrajesen de los tabiques.

 

Fotografía realizadas por Laurent en la Quinta del Sordo, 1874, el mismo año de la retirada de las pinturas.

Fotografía realizadas por Laurent en la Quinta del Sordo, 1874, el mismo año de la retirada de las pinturas.

 

La breve estancia de Goya en aquella casa de campo, supuso un periodo personal muy sombrío para el autor. Extrañas actitudes tomó pintando por las noches, a la luz de las velas, sobre las paredes, las formas de aquellas espeluznantes pinturas parecían obedecer a alguna fiebre diabólica que extrañamente lo poseía. No tardó mucho tiempo el vecindario en atribuirle actos satánicos y de brujería.

Aún años más tarde, cuando los descendientes del Goya se quedaron con la casa, continuó la leyenda de extraños ruidos e incluso gritos en la noche… los vecinos aseguraban que parecían provenir de aquellas paredes. Algún embrujo parecía tener la casa. Quizá el enajenamiento creativo de Goya no sólo obedecía a un periodo personal concreto, quien sabe si su sensibilidad y genio captase algo de la atmósfera de aquél lugar, esto será siempre una incógnita que nos preguntaremos al ver las inquietantes e interesantísimas Pinturas negras y su extraña belleza.

Francisco de Goya, poco tiempo antes de marcharse de allí, escribiría: “Quién no puede apagar el fuego de su casa se aparta de ella”

 

Fotografía realizadas por Laurent en la Quinta del Sordo, 1874, el mismo año de la retirada de las pinturas.

Fotografía realizadas por Laurent en la Quinta del Sordo, 1874, el mismo año de la retirada de las pinturas.

 

 

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