El héroe de Cascorro

 

“Este niño nació a las seis de la mañana. Está sin bautizar y rogamos que le ponga por nombre Eloy Gonzalo García, hijo legítimo de Luisa García, soltera, natural de Peñafiel”. Así decía la carta que se encontraba junto al canastillo de un recién nacido que se encontró a las puertas del orfanato de Inclusa, en la calle O´Donnell, la fría noche del 1 de Diciembre de 1868. De esta forma empieza la historia de un ciudadano insigne, una crónica que fascinaba a los madrileños en los últimos años del S.XIX  y primeros del S.XX. Pues aquellas historias de héroes y hazañas bélicas conquistaban especialmente al  ciudadano español de cambio de siglo, tras sufrir el descalabro de la pérdida de las últimas colonias españolas en Cuba.

 

Militares de la guerra de Cuba

Militares españoles de la guerra de Cuba

 

La figura de un humilde soldado raso que brinda su vida a la patria en la contienda frente a los insurrectos en Cuba, era un bálsamo que necesitaba el dañado orgullo patriótico en la llamada crisis del 98. La historia de Eloy Gonzalo continuó cuando fue adoptado por una familia de un pueblo de Ávila que le acoge como a un hijo propio. La fatalidad estaría presente en su vida, ya que pronto quedaría nuevamente sin familia tras morir sus padres adoptivos.

 

Desempeñó diferentes trabajos para sobrevivir, albañil y barbero entre otros, pero es en el ejército donde encontró la manera de procurase un futuro. La mala suerte parecía seguirle de cerca cuando fue acusado de insubordinación, al ver a su prometida en actitud infiel con un superior, increpando a un teniente se ganó la sentencia de prisión de doce años en Valladolid. Ocurrió en 1895 cuando estalló la guerra de la independencia de Cuba, el 24 de febrero, con el llamado Grito de Baire, treinta y cinco localidades cubanas impulsadas por José Martí, se levantaron en contra de las tropas imperialistas españolas en busca de su independencia.

 

Imagen de Eloy Gonzalo

Imagen de Eloy Gonzalo

 

El ejército español improvisó a reclutas presidiarios con faltas leves, dado el gran número de soldados que necesitaba enviar a Cuba.  La máxima era liberarles de su cautiverio a cambio de su servicio a la patria en el frente. El reclutamiento era opcional, Eloy encontró la oportunidad de limpiar su honor en el ejército. Así se iría forjando el inicio de la hazaña de Eloy Gonzalo en Cascorro, pueblo cubano que se encuentra a 60 km de la Habana. Las tropas españolas se encontraron acorraladas, sitiadas por aproximadamente  2.500 soldados cubanos, para 170 españoles entre ellos Gonzalo. Encabezaba el mando el capitán Francisco Neira de Círia, que no se resistía a la derrota ideando un plan de ataque que les permitía acabar con un bastión estratégico cubano que debilitaría determinantemente a sus adversarios.

 

Pero para ello necesitaban a un hombre, un solo hombre que avanzando hacia las tropas enemigas con sigilo incendiara el campamento enemigo. El soldado que asumiese la tarea debía aceptar la misión suicida, contra todo riesgo. Fue en ese momento cuando Eloy Gonzalo dio un paso al frente encomendándose a este cometido, su argumentación fue que estaba solo en el mundo, no tenía ninguna familia que lo lamentase, por otro lado quiso ser útil para su país. Sólo puso la condición, que si moría, lo enterrasen en tierras españolas, para lograrlo se ideo atarle una cuerda al torso, sus compañeros desde el otro extremo arrastrarían su cuerpo hacia ellos.

 

Busto de Eloy Gonzalo, expuesto en el Museo Militar de Toledo

Busto de Eloy Gonzalo, expuesto en el Museo Militar de Toledo

 

El héroe de Cascorro lo consiguió, quedó sano y salvo de su cometido. Pronto la noticia llegaría desde la Habana a las rotativas de los periódicos españoles corriendo por Madrid como la pólvora. Se le concedió la medalla de plata al mérito militar, aunque no pudo disfrutar mucho de su fama, pues moría poco tiempo después de enfermedades derivadas de la guerra. La Azaña de Eloy Gonzalo, quedará para el recuerdo en la escultura que preside  esta plaza madrileña, una cuerda rodeando su cuerpo, un rifle a la espalda, un bidón de gasolina en una mano, en la otra una antorcha. Fue en 1802 cuando el rey Alfonso XIII inaugura la estatua en la Plaza de Nicolás Salmerón, (era así como se llamaba a principios de siglo, la plaza de Cascorro, anteriormente, Plazuela del Duque de Alba) La escultura, es obra de Aniceto Marinas, su pedestal creado por el arquitecto José López Sallaberry desde donde se alza la bella figura de Eloy Gonzalo, recordándonos su historia.

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