Entornos del Canal navegable del Manzanares. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez
Una historia de ingeniería casi fantástica; así fue el proyecto que se ideó en el S. XVI. Todo un plan minucioso y estudiado que hacia viable este costoso y casi descabellado propósito: desde el Puente de Toledo por medio de unas esclusas en el llamado Real Canal del Manzanares, que circularían paralelas al río, siguiendo el patrón de los canales de los Países Bajos, se pretendía avanzar navegando en embarcaciones, primero por el Manzanares, después por el Jarama y por el río Tajo, hasta llegar al puerto de Lisboa, de ahí hacia América por el Océano Atlántico.
Última esclusa, la número 10 del proyecto del Canal navegable del Manzanares. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez

Última esclusa, la número 10 del proyecto del Canal navegable del Manzanares. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez

Fue en el reinado de Felipe II, coincidiendo con su proclamación de Rey de Portugal en 1580, cuando se idea llevar a cabo el propósito de dotar a la capital de puerto de mar, cuestión que siempre había estado presente desde que se proclamara la ciudad como capital de España, pues existía el problema de las lentas comunicaciones comerciales. Al ser una ciudad interior, los grandes viajes que traían productos manufacturados de otras provincias o provenientes de América, hacían el transporte costoso y pesado.
Para ello se contrata a Juan Bautista Antonelli, que realizó un estudio detallado y exhaustivo que permitía que fuese viable la ejecución de dicho Canal, paralelo al río, donde sus escasísimas aguas ayudasen a sostener barcazas y chalupas que se dirigían rumbo a América, por una serie de esclusas, que se materializaron para su efecto, donde se regulaba el agua. También se preparó el terreno, con la plantación de 50.000 ejemplares de árboles, entre ellos: álamos, sauces y fresnos.
Las arcas reales no pudieron hacer frente al coste de tan alta inversión, pues el inesperado fracaso de la Armada Invencible en costas inglesas, supuso para España un descalabro notable que arruinaría no solo a los costosos proyectos de tal empresa, si no al destino de su Imperio.
Detalle de un árbol invadiendo aquellas arquitecturas centenarias de puentes. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez.

Detalle de un árbol invadiendo aquellas arquitecturas centenarias de puentes. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez.

 

Fue casi dos siglos después en 1.770 en el reinado de Carlos III, cuando desempolvaron los antiguos cuadernos de ingeniería para volver a soñar con la idea de navegar por el Manzanares. Se procuró entonces que el plan fuese rentable. La corona se hizo de las fincas colindantes, asegurando que no implicasen un freno para su desarrollo, pues con anterioridad terrenos privados impidieron que se crearan las infraestructuras del Canal. También se funda una sociedad que apuesta por tal propósito; esta impulsaría la creación de molinos hidráulicos, hornos y almacenes. Al final, es la corona la que se tiene que hacer cargo de los costes de la obra, que sólo consigue llegar desde el embarcadero del Puente de Toledo, hasta la octava esclusa en la Cañada Real Galiana.
Última esclusa, la número 10 del proyecto del Canal navegable del Manzanares. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez

Última esclusa, la número 10 del proyecto del Canal navegable del Manzanares. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez

Una nueva tentativa tendría lugar a partir del reinado de Fernando VII, entre 1818 y 1830, el Canal y su propósito toman peso y fuerza nuevamente. Se reparan todas las viejas estructuras, se replantarían árboles, nuevas especies como la acacia de flor blanca o moreras, junto a la creación de dos grandes viveros: uno en el primer tramo, en el embarcadero, otro en la cuarta esclusa, donde Fernando VII se construiría una residencia palaciega de estilo rural. Esta residencia estaba dedicada al ocio, en ella además de opulentas fiestas, se llevaban a cabo reuniones de ministros, donde se urdían las conspiraciones en torno al Canal del Manzanares.
Tanto la cabecera del Canal, como los embarcaderos, en Arganzuela y Rivas Vaciamadrid, fueron decorados minuciosamente, engalanados con un aspecto elegante y señorial. Estos embarcaderos constituían una pequeña ciudad productiva y de administración para la regulación del parque.
Se llegaron a construir un total de diez esclusas, por todo el recorrido, repartidas entre el Puente de Toledo hasta llegar a Vaciamadrid. La escasa captación de las aguas del Manzanares para el Canal, haría que se creasen una serie de compuertas muy próximas entre sí, que se llenaban por medio de su vaciado, por tramos consecutivamente.
Otras construcciones del Canal, fueron las infraestructuras que aprovecharían las aguas del río madrileño para otros menesteres como molinos hidráulicos y hornos. También obras derivadas, como casas de trabajadores, almacenes etc.
Pero el plan tan ansiado por los monarcas españoles de hacer navegable el Manzanares, tampoco se realizó con Fernando VII. Tiempo después la línea de ferrocarril de Aranjuez (1851) y sus modernas utilidades acabarían definitivamente con ese sueño naval. Tras la muerte del monarca, algunas infraestructuras se seguirían utilizando como puentes y molinos; las esclusas quedarían deteriorándose hasta nuestros días, que continúan en ese proceso.
Última esclusa, la número 10 del proyecto del Canal navegable del Manzanares. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez

Última esclusa, la número 10 del proyecto del Canal navegable del Manzanares. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez

 

Un Patrimonio de la historia de nuestro país, que se encuentra en la actualidad con el riesgo de desaparecer totalmente, numerosas esclusas, puentes, hornos, molinos… se han visto afectados con las obras del tren de alta velocidad, otros elementos han resistido al tiempo y a la especulación urbanística.
Todavía hoy resiste al paso de los años la llamada Casa de la Cuarta Esclusa, que estaba aledaña al palacio de Fernando VII. Se trata de la Casa del Peón, trabajador que hacía las funciones del mantenimiento, allí vivía junto con su familia. Aproximadamente cada esclusa tenía una casa cercana para su control. En el interior de la Casa de la Cuarta Esclusa, la única existente, se ha conservado un horno de aquellos días, en los que posiblemente deliciosas creaciones pasteleras satisfacían la mesa del Rey.
También quedan algunas especies de árboles de aquel vergel, como una morera. Esta especie estaba repartida por todo el canal, pues gracias a estos árboles se producían los gusanos de seda para la Real Fábrica de Tapices. Una de estas moreras junto con el “abuelo” que es un olmo de inmensas proporciones, fueron producto de las plantaciones que se llevaron a cabo entre los siglos XVIII y XIX. En la actualidad todavía nos las podemos encontrar en este entorno de río.
Toda la zona del Parque Lineal del Manzanares se fue desatendiendo paulatinamente. Un desinterés general por su historia y los tesoros que allí se encuentran junto con su riqueza medio ambiental, ha ido haciendo meya en su deterioro, ocultando para muchos madrileños su historia y su belleza.
Información gráfica de la posición del río manzanares con respecto al Canal. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez

Información gráfica de la posición del río manzanares con respecto al Canal. Fotos: Juan Ruiz Ibáñez

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