El famoso mercadillo madrileño

 

La zona madrileña que ahora nos ocupa, los domingos y festivos, luce un aspecto diferente al de un día cualquiera, transformando la zona en un gran mercadillo de lo más peculiar, uno de los más conocidos de Europa a la altura de Porta pórtese en Roma, Portobello Roads en Londres o el Marché aux Puces de París.

No siempre se ha vendido lo mismo, refleja muy bien el gusto y las necesidades que tiene la población, generación tras generación, pues hace solo apenas medio siglo, viandantes de entonces, nos cuentan, que había otro tipo de mercancías y tiendas que discurrían por toda la calle de Rivera de Curtidores. Los gremios se establecerían en bazares y establecimientos especializados como: casas de música con sus radios, gramófonos y discos. Cristalerías, donde se vendían fanales, todo tipo de lámparas antiguas de segunda mano. Tiendas de muebles de ocasión, de máquinas de coser, de fotografía también tiendas de legumbres, esparterías, guarnicionerías etc.

 

Aspecto abarrotado que luce el Rastro los domingos por la mañana

Aspecto abarrotado que luce el Rastro los domingos por la mañana

 

En la acera de la calle hacia sus dos extremos: Chatarra, desguaces de coches, bicicletas, candiles quinqués jaulas, botijos…, objetos de caballería, ropa de segunda mano y de trabajo, ropa militar etc. La gente llevaba las cosas que no utilizaba en su casa, o que tenían la necesidad de vender y establecía un improvisado puesto a pié de calle.

También existía la venta ambulante de churros y tortas. Los organilleros aportaban su toque alegre y castizo al lugar. Son cosas que tampoco han cambiado tanto, músicos callejeros entorno a la plaza de Cascorro siguen amenizando la jornada dominical. Hoy en día para el almuerzo y las tapas hay numerosos bares para su efecto en estas calles, donde se descansa de las intensas búsquedas, de las arduas cazas de tesoros y sus rastreos, reponiendo las fuerzas perdidas. Convirtiendo al día, en un fantástico plan de domingo.

 

Músicos callejeros amenizan las mañanas del el Rastro

Músicos callejeros amenizan las mañanas del el Rastro

 

Dime que necesitas y te diré porque calle debes ir

 

La disposición del Mercadillo está agrupada en zonas y calles:

Calle Carlos Arniches y del Carnero, están especializadas en libros, con ediciones muy antiguas. Escondida se encuentra alguna que otra joya literaria esperando ser descubierta. Calle de San Cayetano, dedicada a establecimientos de pintura, bien para comprar marcos, cuadros, óleo, dibujos grabados…también materiales de bellas artes.

 

Calle Fray Ceferino González, cuenta con varios establecimientos de animales, conocida como la calle de los pájaros. Su popularidad ha ido mermando a través de los años. Desde que una disposición municipal en el año 2000, decretara que los animales solo se vendían en establecimientos. Antes en esta calle, se agrupaban la mayoría de puntos de venta de animales: patos, gallinas, palomas, canarios etc. La calle en su discurrir almacenaba numerosas jaulas y provocaba un estrepitoso sonido mezclado con el devenir de la gente.

 

La llamada "calle de los pintores" en el Rastro

La llamada «calle de los pintores» en el Rastro

 

La calle de Roda y las plazas de General Vara del rey y Campillo del nuevo mundo con sus calles aledañas, están dedicadas a antigüedades, muebles y  baratijas de todo tipo, su venta: en establecimientos, tiendas, puestos desmontables o paños en el suelo es donde podemos conseguir cromos, revistas postales, fotos, juguetes antiguos etc. Por decir algo de todo, lo que podemos observar, pues la peculiaridad de este mercadillo lo tiene el carácter insólito de lo que encontramos “buceando” entre sus objetos.

 

En algunas ocasiones el precio es relativo, pues tiene mucho que ver con el valor sentimental que nosotros le demos, al encontrar por ejemplo aquel juguete que tuvimos en nuestra infancia y perdimos, o unas revistas que leíamos hace años o algo que siempre hemos querido tener y lo encontramos por casualidad en este mercadillo un domingo por la mañana. El precio, en ocasiones no exento de supercherías, donde el regateo es la forma de negociar. Hay que estar muy hábil para redondear el hallazgo y sacarle provecho.

 

Gente agrupada en uno de los puestos del Rastro

Gente agrupada en uno de los puestos del Rastro

 

¡A la cultura del reciclaje!

El reciclaje como necesidad ha existido siempre, una forma de aprovechamiento que ha constituido el verdadero espíritu del Rastro. Podemos ver algunos casos donde se hizo negocio a partir de oportunidades que se presentaron, y a su vez dieron la ocasión del disfrute a sus nuevos propietarios. Como por ejemplo, algunos establecimientos de chatarra de la zona, bazares ya desaparecidos como: Bazar del Médico, Primitivas Américas, La Casiana o Bazar del Federal entre otras tiendas de estas características “hacían su agosto”,  cuando hacia el cambio de siglo, las modas europeas imponían nuevos materiales constructivos, un nuevo orden urbano se establecía. Ósea que cualquier derribo de antiguas estructuras de metal por la necesidad de actualizar la ciudad, acababa en el rastro y en estas tiendas. Un ejemplo fue el de la construcción de la Gran vía, mucho material se aprovecharía de allí. Aunque por otro lado la creación de la misma fue en detrimento del propio rastro, ya que se popularizaron los grandes almacenes de la recién estrenada calle.

 

Señor que mira los artículos de una tienda

Señor que mira los artículos de una tienda

 

Hubo muchísimo movimiento en esos años del contenido de casas y palacetes, que lamentablemente se derribaban, sin piedad. Se obtenían muebles, lámparas y objetos de valor. De estas antigüedades sacarían partido los avispados clientes que las compraron hace años al precio de auténticas gangas, su cultura, su visión y la paciencia en mantener esos tesoros, les valieron para poder rentabilizarlos, dando paso en ocasiones a nuevos anticuarios y establecimientos. Entre los pequeños enseres, baratijas y objetos personales de todo tipo: ropa, libros, fotos cuadros etc. Al desaparecer su dueño, si no tenía herederos, estos objetos acaban amontonados en el Rastro, a la espera de que otro propietario lo adquiera para su uso. Exactamente igual que en la actualidad y seguramente por muchos años más, se seguirá reciclando del mismo modo.

 

Puesto callejero de cerrajero

Puesto callejero de cerrajero

 

Por el arroyo de las tenerías

Esta parte de Madrid, pertenecía a los llamados “barrios bajos”. No se denominaba así por ser la zona donde vivían las clases más populares de la ciudad, si no por encontrarse en cuesta descendiente hacia el rio Manzanares. Podemos observar la pendiente del terreno en calles como; Rivera de Curtidores, por donde discurría el cauce del llamado “Arroyo de las tenerías” a la búsqueda del Manzanares.

 

¿Por qué “de curtidores”? Numerosas tiendas y talleres de curtidores de piel hubo en estas calles, durante muchos años y desde tiempo muy remoto. Todas las tiendas que tuviesen que ver con el origen animal de reses como materia prima, estaban en el barrio; tenerías, guarnicionerías, cererías, carnicerías, casquerías, embutidos, zapaterías, etc. que se encontraban por doquier. Los numerosos arroyos que discurrían, facilitarían la vida, en un principio a estos negocios.

 

Objetos diversos en ventase agrupan a lo largo de una calle

Objetos diversos en ventase agrupan a lo largo de una calle

 

Estos establecimientos utilizaban la carne y la piel de reses, pues aproximadamente en la parte norte de la Plaza de Cascorro, se encontró el primer matadero, de una lista de unos cuantos más que le irán sucediendo, estableciéndose en el barrio, desde el S.XVI hasta el XX. El primer matadero fue el denominado “Matadero viejo” Fue abierto aproximadamente en 1497, sufrió varias reformas. Más tarde se construyó  el “matadero abajo “que sucedería al anterior, hacia la primera mitad del S. XVII se emplazó en el llamado Cerrillo del Rastro, (actual Plaza Vara del Rey) llamado“cerrillo” por su elevación con respecto al Arroyo de las tenerías.

Gracias a la descripción del escritor Jerónimo de la Quintana, podemos saber cómo fue este segundo matadero, por un texto del S.XVI, nos lo describe así:

“de largo ciento setenta y cuatro pies y de ancho ochenta y seis, dentro tiene dos patios grandes de igual proporciones, alrededor de ellos hay soportales grandes y capaces que sustentan columnas con capiteles y piedra berroqueña; debajo de las cuales están las escarpias con la carne. Se entra a él por cuatro puertas correspondientes en cruz, en cada lado la suya, es obra de mucho aseo, y costa“

 

Detalle de uno de los puestos del Rastro

Detalle de uno de los puestos del Rastro

 

En 1669 se abriría un tercer matadero, que coexistía con el anterior que quedaba solo para la matanza de cerdos. Este nuevo edificio cerca de la Puerta de Toledo, sería el encargado de trabajar al resto de reses; vacas, ovejas carneros, cabras y a descuartizar los toros lidiados en la plaza. En 1928, se traslada a Legazpi toda la actividad cárnica. Se bautizó a la zona con la denominación de Rastro, por la marca de sangre que dejaban los carneros y cerdos cuando eran arrastrados desde los mataderos hasta las carnicerías. La historia de este nombre, nos ha llegado de forma popular, aunque no hay ninguna fuente escrita que nos diga nada al respecto, muchas veces es cuestión de observar su lógica.

 

Detalle de alguno de los productos en una de las aceras de la calle

Detalle de alguno de los productos en una de las aceras de la calle

 

Ropavejeros y Almonedas

 

Durante el S.XVI se produjo, gran actividad de venta ambulante por toda la ciudad los ropavejeros vendían ropa usada. Los baratillos eran pequeños mercados que se instalaban en muchas plazas de la ciudad sobre todo, en la Puerta del sol y la Plaza Mayor. Hubo un bando municipal donde se prohibieron, dado el asedio que suponía el gran número de vendedores, aunque si quedarían algunos sitios permitidos.

En la calle estudios, en el S. XIV se encuentran ya evidencias de ropavejeros, también al final de esta vía, en el llamado Tapón del Rastro, que era una agrupación de calles de forma triangular que se derribó a principios del S. XX, pues era poco fluido para el público, obstaculizando el paso.

Paulatinamente, durante los siglos sucesivos, se irá dando poco a poco una gran actividad comercial entorno a estas calles, marcadas anteriormente en esta zona por sus fábricas, negocios y tenerías. Es a partir del S. XIX donde el Rastro adquiere carácter propio, el actual. Los almonedas, anticuarios, libreros llegarían para quedarse, también empieza la organización de bazares y establecimientos. La zona se adoquina con una nueva estructura urbana alejada de aquella época de curtidurías y arroyos.

En los años 70 del S. XX se establecen numerosos artesanos, aportando un valor añadido a la oferta comercial, dando paso a través de los años, a nuestro mercado actual, construido a través de muchas circunstancias y matices que lo procuraron.

 

Escena del famoso mercadillo madrileño

Escena del famoso mercadillo madrileño

 

 

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