El río Manzanares en libertad

El río Manzanares en libertad

 

Los baños quedaron atrás, también las fiestas y verbenas a sus orillas. Noches festivas de música y baile, luces que tintineaban en la superficie de su oscuridad. Aunque sigue quedando tiempo para paseos bajo el sol suave, que cambia de color en este mes de septiembre, baja su intensidad para acariciar esas tardes de merienda. Ahora es tiempo de la fiesta de La Melonera, romería que llega hasta la Virgen del Puerto, donde los puestos de melones se agrupan. El atillo del mantel se desenvuelve y nos muestra el queso, el pan, las  uvas o el vino preparado para doradas tardes eternas de charla y compañía.

Por las mañanas, los días entre semana reina el sosiego.  El aire es limpio y puro, fresco y renovado, junto con el agua cristalina que baja del Guadarrama, que se divisa a lo lejos preparándose para las próximas nieves. Las lavanderas también preparan la jornada, sus estacas se clavan en la arena, para poder clarear una vez más la ropa tendida al sol. Algunos de sus hijos corretean jugando por sus inmediaciones, saltando isletas, recogiendo moras de zarzales, investigando ruinas de molinos, perdiéndose entre choperas solitarias. Mientras algunos sonidos muy breves y tenues llegan de la ciudad como ecos… el repiquetear de fábricas próximas, lejanos cascos de caballo de los areneros del Manzanares, el pitido del tren del Norte.

Algunas nubes anuncian próxima la lluvia, se van condensando más y más hasta que las lavanderas recogen con rapidez la ropa seca para guarecerse en las casas próximas de labor, dónde encienden la chimenea y continúan la clasificación de la ropa. Mientras el río sigue su curso en soledad, libre, espléndido y salvaje.

 

Postal de Septiembre

Postal de Septiembre

 

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