Gran vía de Madrid en el proceso de construcción

 

¡Vamos a ver la obra! Era la atracción normal que los madrileños de la primera década del S.XX tenían por costumbre.

-Por la tarde y dando un paseo nos acercamos a la obra, a ver cómo va… -Antonio ponte a chaqueta azul para ir que hoy hace frío…

Se escucharían esas frases. -¡Pero Jesús! Se han vuelto locos piensan levantar toda la ciudad para una calle…

Moles y moles de tierra se levantaban todos los días; había mucho por hacer: alcantarillado, luz, agua, cableado, sin comentar los derrumbes con nubes de polvo infinitas. Casi para la gente más conservadora del Madrid que conocían y no querían cambiar, se auguraban una guerra, un desastre… Todavía sin ver el bello resultado era casi un escándalo: -¡Qué tiren abajo las casas, los negocios de esa gente, conventos, palacios… para crear una calle más grande, ¡qué escándalo!

En algunas ocasiones algunos madrileños se paseaban por las ruinas a fisgar el ¿porqué? El ¿cómo? Y ¿el dónde? Hasta se creó una verbena dónde el ímpetu más castizo encontraba divertimento en la música de “La Gran Vía” que traspasó fronteras…

Grandes proezas arquitectónicas se hicieron hasta finalizar los tres tramos de la Gran Vía. No se nos suele pasar por la cabeza todo el revuelo que se formó hasta tenerla lista; a nosotros, en nuestro tiempo, nos la dieron llave en mano. Tuvimos suerte…

 

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