Fotografía antigua de la Costanilla de San Pedro.

Imagen del viejo Madrid. Costanilla de San Pedro. Fot. Desconocido.

 

Una luz de mañana envuelve al viejo Madrid del diecinueve, lo vuelve nítido, brillante. A las nueve de la mañana, los vecinos en las calles empiezan a moverse. El barrio de los Austrias despierta del letargo de la noche, los carros circulan las serpenteantes calles del casco antiguo para hacer sus entregas: unos llevan vino, otros sacos, algún que otro grano de cebada también pudo verse por las calles al caerse del vehículo que lo portaba. Las golondrinas surcan un aire limpio de principios de abril. El repicar de aquellas ancestrales y legendarias campanas de la Iglesia de San Pedro, llama a la primera hora de misa, como tantas veces hicieron igual.

Aunque ese día fuese de estreno para aquellos vecinos, a nosotros esa realidad nos queda ya remota, olvidada. Cada esquina, cada casa, del centro de nuestro Madrid, esconde un secreto de un pasado más remoto aún, pues el paso de las antiguas épocas parece hablarnos en silencio de su presencia: escudos, trazados de muralla, portones, restos en el subsuelo, agua soterrada… están todavía ahí como testigos de diversas épocas, del tiempo que va transcurriendo, como las páginas de un libro que se van posando una encima de otras ocultando la anterior. Así se escribe el pasado de un pueblo y al mismo tiempo se van perdiendo muchas historias de las que apenas ya sabemos.

Hoy nos quedamos con el presente de esta imagen, que parece susurrarnos al oído la fuerza de su realidad, el ímpetu de su testimonio que durará el tiempo que estemos observando aquel instante congelado de brillante y mágica luz de otras primaveras.

 

Postal del Mes: Abril.

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